Un paso entre la nieve…
El cielo era negro, más negro que la piel del drow que yacía de espaldas en la nieve, y no había estrellas que iluminaran el camino de los recién llegados.
Una mujer envuelta en una capa recia, miraba al cielo, desconsolada, esperando entrever las figuras de sus hermanos en el cielo de media noche.
Ninguno de ellos apareció. La tierra de Heron siempre había sido misteriosa, letal para los extranjeros, por eso ninguno de ellos se aventuraba a salir del límite de sus tierras.
Un ángel negro se había aventurado en pos de lo desconocido, asegurando que, si no regresaba, era indigna de ser la princesa de los Ángeles caídos.
Viajó durante seis días con sus noches, saliendo de la tierra de los Vuelos, donde ella había nacido y crecido desde siempre. Únicamente portaba su capa, pues no necesitaba ningún lujo que demostrara su valentía.
Vagó aquí y allá, bordeando la tierra de las brujas, ocultas tras sus bosques, al acecho de una victima a la que matar.
Erya conocía toda clase de mitos y leyendas que narraban las proezas de los Ángeles negros, valientes en combate y tiernos en el amor. Decidida y segura de que algún día seria respetada y alabada como uno de ellos, la joven princesa de los Ángeles se había aventurado hacia la tierra de los drow, cometiendo sin saberlo, un error grandioso.
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La criatura de su vientre volvió a propinarle una patada, indicándole de alguna manera, de que era el momento indicado para nacer.
<< ¡Estúpido bastando! Una criatura como tu no puede nacer de mis entrañas>> se dijo Erya, mientras su mente volvía a recordar, una y otra vez, el castigo al que había sido sometida.
Todo sucedió un día normal, en el que la joven princesa caminaba por la nieve, con las alas abrigadas por su capa.
Primero un elfo negro había salido de la espesura, después otro, y otro más. Las diez criaturas rodearon a la chica, si darle una oportunidad para defenderse.
Ante el asombro de ella, los drows comenzaron a reír, mostrando sus perfectos dientes blancos.
-Mira lo que tenemos aquí, Sembram-dijo uno de ellos, acercándose peligrosamente a Erya.- ¿te has perdido, palomita?
De nuevo, las risas corearon el bosque.
Los oscuros ojos de Erya brillaron amenazadores, escudriñado las sombras en silencio.
-¿se te a perdido algo, palomita?-repitió un segundo drow, descubriendo las intenciones de huida de la joven-¿crees, ni por asomo, de que vas a escapar de nosotros?
-¡cállate, estúpido elfo!-gruñó Erya, sin poder contenerse- ¡no sabes con quien estás hablando!
Miradas burlonas aparecieron en el rostro de las criaturas.
-¡Oh! Una palomita con aires de grandeza, mostrémosle quien manda amigos.
Algunos drow se mostraron recelosos y Sembram, el que parecía ser el líder, se puso al frente de los elfos.
-¿vamos a dejar que otra mujer nos domine? –Gritó, mirando a cada uno de sus compañeros-¡en tierras humanas los hombres tienen el poder!
El silencio recorrió a los diez elfos. Hasta que el primero manifestó:
-¡tu eres el líder! Hazlo tú.
Erya contemplaba con interés la escena, pues su orgullo le impedía pensar que aquellas criaturas pudiesen hacerle daño. De todos era sabido, que en tierras de drow, las mujeres eran las que lideraban al pueblo, siendo más respetadas que los hombres, a los que consideraban el sexo débil.
Pero, la ángel negro no sabia de que manera podían llegar a hacerle daño y por ese motivo, no se escapó, aprovechando el descuido de los elfos.
Finalmente, Sembram aceptó, alegando que, puesto que Erya no era una drow, no había que temerle.
-¿Quieres que miren, palomita?-susurró a su oído, acariciando el esbelto torso de Erya.
Asombrada y aterrada, la princesa dio un paso atrás, comprendiendo la intención de Sembram.
-Tú…-empezó- no…no te atreverás. ¡No sabes con quien hablas!
Y cometió el error más grande de todos. Quedarse quieta, en lugar de correr.
Los fuertes brazos de Sembram la sujetaron, obligándola a permanecer junto a él, mientras los demás elfos negros reían y se mofaban de Erya.
Instantes después, La joven princesa yacía tendida en el suelo, con la ropa desgarrada y los ojos vacíos. Las alas de Erya, en lugar de alzarse al cielo, cayeron en la nieve, cubriendo su cuerpo desnudo y magullado. La había violado. El muy cerdo se había atrevido a poner las manos sobre un ángel negro. Eso era algo que le costaría la vida, aun que aquello lo comprendería mucho tiempo después.
PD: demomento solo llebo esto...pro espero poder colgar mas
